PARQUE NACIONAL ORDESA Y MONTE PERDIDO: Carcel Broto.

Museo carcel BrotoEntre las particularidades que se presenta el valle del Ara en lo tocante a sus manifestaciones culturales, dos sobresalen por su singularidad y su profusión en las tierras bañadas por el citado río, por el Ara. La primera es la relacionada con la artesanía textil, en especial con el largo y laborioso proceso de obtención de la lana. Para su desarrollo existían un buen número de telares desplegados en las poblaciones de Oto -aún conservado en el mismo lugar de siempre de Casa Sieste o Castillo-, Broto, Fiscal, Arresa, Javierre de Ara (el último en funcionar hasta mediados de los cincuenta del siglo XX por el tejedor de Casa Gabarre). Ligúerre de Ara, Boltaña, Guaso y Aínsa. Unos centros textiles complementados por los batanes, actividad en tiempos ampliamente difundida por un buen número de poblaciones aragonesas y fuera de esta comunidad, como reflejan a la perfección las distintas fuentes descritas, que poco a poco fueron perdiendo su destacada impronta, se fueron cerrando y se fue apagando su frenético golpear. Pero, por suerte, uno (de los varios que había en el Ara localizables en Broto, Borrastre y Jánovas) siguió cumpliendo su cometido hasta los años setenta del siglo XX, el de Lacort, que tras una serie de avatares se encuentra recompuesto y restaurado en Fiscal, apreciando así una de las últimas fases de la artesanía textil lanera, esa con la que se conseguía mayor suavidad en los tejidos y, a la par, que fueran más tupidos.

 

La otra singularidad es la relativa a las diseminadas y numerosas torres defensivas levantadas en torno al siglo XVI. Con una estructura similar y planta rectangular, con escasos vanos arquitrabados y, en algún ejemplo, geminados, se pueden apreciar (bien completas o bien en aquellas partes que han subsistido hasta la actualidad) en Torla - Ordesa, Oto, Bergua con dos buenos ejemplares, Sasa de Sobrepuerto, Fiscal con otros dos buenos ejemplos, Javierre de Ara, Santa Olaria de Ara, Lacort, Giral, Lavelilla o Boltaña. A este conjunto pertenece también la torre de la cárcel de Broto, que al interés de la propia construcción suma el de los únicos y singulares grabados que conserva en su interior.

Se sitúa en la margen izquierda del Ara, al lado del antiguo puente de la misma centuria configurado, en su momento y según describe Lucien Briet, por "tres arcos de altura desigual y en aumento sucesivo". Volado en la última contienda civil, del mismo sólo resta en la actualidad el arranque de ambos estribos, así como uno de los arcos citados por el viajero francés, ese de dimensiones más reducidas situado en el inicio del puente por la margen derecha que servía, además, de aliviadero en aquellos momentos de grandes avenidas.

Junto al mismo, para defender el paso y para cobrar los derechos de paso existentes en tiempos por su uso, se sitúa la torre de la cárcel, este edificio que al poco de construirse se destinó a prisión. Allí se eleva una sobria y maciza torre de planta prácticamente cuadrangular, conformada por recios muros, en los que apenas se abren unos cuantos vanos, unas pocas saeteras (algunas de ellas cegadas y recubiertas con mortero de cal y arena en su interior) de estrecha y alargada entrada de luz, así como un ventanal arquitrabado en su planta superior. Conjunto techado con una cubierta de dos vertientes de losa, siguiendo la norma y el material habituales por estas tierras pirenaicas.

Su interior, al que se entra desde la aledaña construcción que alberga la "Casa del Valle de Broto", se encuentra en tres plantas, accediéndose a todo el recinto por la estancia intermedia. Desde ésta, y a través de dos huecos cuadrangulares practicados en el suelo a modo de rejillas, se desciende al nivel más bajo, al inferior dividido en dos en su parte central por un tabique de piedra, cubriéndose por bóvedas de medio punto. Con toda seguridad serían las estancias más penosas para aquellos que hollaron sus muros y suelos, las más inhóspitas para los presos más peligrosas, quienes eran descendidos hasta las mismas desde la planta superior que sirve de entrada, descolgándolos con cuerdas que se sujetaban en las argollas clavadas en la bóveda de esa sala del piso principal todavía visibles. Niveles inferiores que, con toda seguridad, eran los más lóbregos, los que peores condiciones presentaban y sin ningún tipo de iluminación, que antes de la última intervención regularizadora del suelo a la situación actual, su suelo eran lajas de piedra formando un desnivel hacia el río, en donde eran amarrados a unos grilletes y por donde corría el agua (con lo que ello significaba de humedad) en aquellos momentos de crecidas o avenidas tan, por otra parte, frecuentes en las épocas de deshielo o de fuertes tormentas. Planta que, entre otros detalles constructivos y algunos grabados descritos más adelante, conserva una gran piedra sillar a modo de cabecero en el que se refleja la inscripción "AÑOO 1774".

Por su parte, la ya mencionada que sirve de entrada presenta planta cuadrangular y bóveda de cañón de medio punto, así como sendos vanos a modo de saeteras en sus extremos. Estructura y abovedamiento visible asimismo en la última planta, a la que se sube por estrecha escalera y en la que se abre el vano más amplio, una ventana adintelada y cuadrada debajo de la cual se encuentra un escusado que vierte directamente hacia la orilla izquierda del río. Dos últimas plantas, finalmente, cuyas bóvedas están construidas en sentido inverso, es decir, una perpendicular a la otra (una de norte a sur y otra de oeste a este) para así conseguir una mejor transmisión de peso hacia la parte inferior, evitando de éste modo resquebrajamientos o hundimientos.